sábado, 22 de septiembre de 2018

¡Qué ciegos estamos a veces!

Un hombre muy devoto iba a misa todos los días y cumplía con todas las normas de la Iglesia. En una ocasión se produjo un diluvio y las calles y las casas de su ciudad se anegaron. El hombre subió a la azotea de su hogar, pero el nivel del agua subía más y más. Allí arriba, de rodillas, le pidió ayuda a Dios.

Al poco, apareció una barca militar. Un soldado le ofreció subir a bordo.

- No, gracias. Dios me salvará - dijo el beato.

Poco después, el agua cubrió también la azotea y el hombre tuvo que ponerse a nadar. Al cabo de una hora, otro bote pasó por allí. Esta vez le lanzaron un chaleco salvavidas, pero él lo rechazó.

- No, gracias. Dios me salvará - gritó desde el agua.

Al final del día, un helicóptero con un potente foco lo descubrió nadando ya exhausto. Inmediatamente, tiraron una cuerda para rescatarlo.

- No, gracias. Dios me ... glu, glu, glu.

El beato, agotado, se hundió y desapareció en las aguas.

Cuando se despertó, estaba delante de Dios.

- Señor, ¡dijiste que me salvarías pero me dejaste morir! - exclamó quejoso.

- Lo intenté - dijo Dios -, pero rechazaste mi ayuda.

- ¡No fue así! - dijo el beato.

- Mira - explicó Dios -, ¡Te envié una barca, un salvavidas y hasta un helicóptero! ¡Si eso no es ayuda, no sé qué puede serlo!

Ser feliz en Alaska, Rafael Santandreu


domingo, 9 de septiembre de 2018

La caja de cerillos de nuestro interior

"Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.

"Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo. (...)

"Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso, con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo. Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillos húmeda, pero puede estar segura de que tiene remedio. (...)

"Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo los cerillos uno a uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos de un solo golpe producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar  nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte... Desde que mi abuela murió he tratado de demostrar científicamente esta teoría. Tal vez algún día lo logre. ¿Usted qué opina?

Como agua para chocolate, Laura Esquivel

viernes, 31 de agosto de 2018

No te acostumbres a la Vida

La vida está ahí, en ese momento que te pasó de noche porque te parecía común y ordinario.

Como cuando ibas a la Universidad y te quejabas de lo pesado que era la vida de estudiante y ahora ves que tus problemas de entonces no eran nada.

Como cuando tu hijo se sube encima de ti un domingo a las siete de la mañana y tú te molestas, pero cuando es adolescente, entonces extrañas que te busque al despertar.

La vida está ahí, en contemplar las estrellas y la luna sin importar si está llena o no. En ver las montañas o en subirlas cuando tienes la osadía de hacerlo.

Está en la posibilidad que hoy tienes de pensar y decidir.

En ese ir al trabajo del que a veces te quejas pero que cuando no lo tienes, entonces, lo añoras.

La vida está ahí cuando amaneces al lado de esa persona con la que elegiste estar. 

Está en los domingos que pasas en familia y te parecen rutinarios, hasta que alguien de esos seres deja de estar y caes en la cuenta que nada ni nadie es eterno. 

La vida está en esas noches eternas con los amigos queriendo arreglar el mundo. En esas horas en las que hablar, reír a carcajadas o sentirte escuchado cambiaron tu estado de ánimo y dejaste de ahogarte en un vaso de agua.

Está en los besos, en los abrazos y en las miradas que lo dicen todo sin decir nada.

La vida está ahí cuando cantas sin importar cómo te escuches y cuando bailas sin importar quién te ve.

Está en tus momentos a solas, cuando descansas, y cuando te ríes solo en complicidad contigo recordando algo que sucedió,  o cuando te permites llorar, sentir y conectarte con tus emociones.

La vida está ahí en el sencillo acto de respirar, moverte, hablar...

He aprendido que la clave de disfrutar la vida está en que no esperemos mucho de ella o en darnos cuenta que lo "mucho" que tanto esperamos ya lo tenemos, pero nos falta notarlo. En notar que lo ordinario es lo más extraordinario que existe.

Aunque parece que vivir es una costumbre, una de las claves de la vida para en realidad disfrutarla, creo que es nunca acostumbrarnos a ella.

"Vivir es Increíble"

martes, 31 de julio de 2018

Los girasoles

Como su propio nombre indica, los girasoles giran de acuerdo a la inclinación del sol, en otras palabras, ellos "persiguen a la luz".

Probablemente esa parte ya la sabías, pero hay otra parte que tal vez no.

¿Alguna vez te has preguntado qué sucede los días nublados y lluviosos, cuando el sol está totalmente cubierto por las nubes?

Resultado de imagen de girasoles mirandoseInteresante pregunta, ¿no? Puede que pienses que la flor del girasol queda marchita y mirando hacia abajo. ¡Pues no! Ellas se vuelven las unas a las otras para compartir entre sí sus energías.

Es impresionante la perfección de la naturaleza.

Ahora llevemos esa reflexión a nuestra vida.

Todos nosotros queremos esa luz y la buscamos de diversas maneras: en la familia, en los amigos, en la religión, en el trabajo, etc. Pero siempre existen los días nublados, los días de tristeza. En ese momento, la mayoría de las personas queda abrumada, con la cabeza baja y, las más débiles, a veces, llegan incluso a deprimirse.

¡La naturaleza tiene tanto para enseñarnos! ¿Qué tal si hacemos como los lindos girasoles? En el momento del dolor, de la desesperación, de la angustia, mira hacia tu interior con total sinceridad y sé consciente que dentro de ti también existe una luz, y esa luz puede ser compartida con aquellos a quienes amas.

Los sentimientos difíciles y dolorosos que son reprimidos, acaban, más tarde o más temprano, transformándose en una enfermedad.¿Quieres esperar a que te llegue una enfermedad para, solo entonces, abrirte a los otros? ¡No hagas las cosas más difíciles! ¡Mira a los girasoles! Ellos no piensan: "el sol se escondió, entonces voy a quedarme aquí triste, cabizbajo, esperando a que vuelva...".

¡Nada de eso! En el mismo momento, ellos accionan su luz interna y comparten con los demás...

domingo, 29 de julio de 2018

La mariposa

Un hombre encontró un capullo de mariposa y se lo llevó a su casa para ver cuando saliera del capullo. Un día observó que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por abrirlo más grande, para poder salir. El hombre vio que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Pareció que se había atascado.

Entonces el buen hombre decidió ayudar a la mariposa, y con una pequeña tijera cortó un lado del agujero para hacerlo más grande, de manera que la mariposa pudiera salir del capullo. Sin embargo, al salir, tenía todo el cuerpo muy hinchado y las alas pequeñas y dobladas. El hombre esperaba que las alas se desdoblaran y que el cuerpo se contrajera, pero no sucedió ninguna de las dos cosas y la mariposa solamente pudo arrastrarse en círculos, con su cuerpecito hinchado y las alas dobladas. Nunca pudo llegar a volar.

Imagen relacionadaLo que el hombre en su bondad no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida para salir del diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes, y luego pudiese volar y obtener la libertad... ¡poder volar era algo que solamente podía llegar después de la lucha!

Algunas veces lo que necesitamos en la vida es la lucha. Si pudiésemos progresar sin obstáculos, nos convertiríamos en inválidos, no podríamos crecer. ¿Cuántas veces hemos querido tomar el camino fácil para salir de dificultades, tratando de usar "tijeras" para recortar el esfuerzo que nos conducirá al éxito? Así como el oro es refinado con el fuego, solo a través de nuestros esfuerzos y caídas saldremos fortalecidos. Solamente a través de nuestro esfuerzo podremos encontrar el éxito.

miércoles, 11 de julio de 2018

El contrabandista

Cuando era joven, Nasrudín cruzaba todos los días la frontera con las cestas de su asno bien cargadas de paja. Se dedicaba al contrabando, y cuando llegaba a la aduana lo primero que hacía era confesarlo:

- Me llamo Nasrudín y soy contrabandista.

Los guardas le registraban una y otra vez. Comprobaban sus ropas y su carga: metían la bayoneta en la paja, la sumergían en agua e incluso habían llegado a quemarla para ver si llevaba algo oculto. Pero nunca hallaban nada.

Mientras tanto la riqueza de Nasrudín no dejaba de aumentar. Cuando finalmente se convirtió en mulá, le destinaron a una aldea muy lejana y abandonó para siempre el contrabando.

Un día, en aquel lugar remoto, se encontró con uno de los aduaneros de su juventud. Éste no pudo resistir la tentación de preguntar:

- Ahora me lo puedes decir, Nasrudín: ¿qué pasabas de contrabando que nunca pudimos descubrirlo?

- Asnos - respondió el sabio.

Ser feliz en Alaska, Rafael Santandreu

sábado, 7 de julio de 2018

Grita pero con lentitud

Cuando una persona difícil lo confronte iracundamente, pídale tiempo para pensar:

"Esto me cae como un balde de agua fría y no puedo responderte ahora. Será mejor reunirnos después del almuerzo para discutirlo".

Si le da una respuesta inmediata, probablemente caerá en un contraataque improductivo.

Si alguien le grita, no diga nada hasta que esa persona deje de gritar. Luego, pregúntele:

"¿Podrías repetir lo mismo, pero lentamente?"

Después de todo, ¿quién puede gritar y hablar lentamente a la vez?