domingo, 17 de enero de 2016

Amor = libertad

Érase una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día, una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más de prisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
 
Pero entonces pensó: "¡Tal vez, quiera conocer algunas montañas distantes!" Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, envidia de la capacidad de volar del pájaro.
 
Y se sintió sola.
 
Y pensó: "Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse."
 
El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
 
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban: "Eres una persona que lo tiene todo." Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
 
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes.
 
Si profundizase en sí misma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.
 
Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. "¿Por qué has venido?", le preguntó a la muerte.
 
"Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo - respondió la muerte -. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más; sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo."
 
 
Once minutos, Paulo Coelho

martes, 5 de enero de 2016

La montaña rusa

"La montaña rusa es mi vida, la vida es un juego fuerte y alucinante, la vida es lanzarse en paracaídas, es arriesgarse, caer y volver a levantarse, es alpinismo, es querer subir a lo alto de uno mismo, y sentirse insatisfecho y angustiado cuando no se consigue."
 
"Si confío en que los raíles son mi destino, en que Dios guía la máquina, esta pesadilla se transforma en excitación. Pasa a ser exactamente lo que es, una montaña rusa, un juego seguro y fiable, que va a llegar hasta el final, pero mientras dura el viaje, tengo que ver el paisaje alrededor, gritar de excitación."
 
 
Paulo Coelho, Once minutos

domingo, 25 de octubre de 2015

Es hija mía

El 3 de noviembre de 1903 viene al mundo la primera hija de Mahler, María, llamada así en recuerdo de la madre del compositor. Cuando Mahler se enteró de que se trataba de un parto de nalgas exclamó:

"Desde luego es hija mía, pues enseguida ha enseñado al mundo el lado que merece".

Biografía de Mahler, Sylvie Dernoncourt

domingo, 4 de octubre de 2015

Los sueños

 
Los sueños tienen el gran poder de transformar nuestra realidad más allá de nuestros victimismos y de sorprender a nuestra mente con los atajos más inesperados. El hecho de que el ser humano sea depositario de ellos habla de nuestra grandeza, algo que es imprescindible revelar en nuestras aulas y familias. Los sueños vienen de otras dimensiones de nuestra conciencia, por eso pueden ser tan atrevidos, ya que en ellos no está el freno de nuestras experiencias limitantes. La parte de nuestra sabiduría a salvo de estas experiencias es la que representa la inocencia de nuestro niño interior, por eso considero a éste como el guardián de nuestros sueños. Nuestra educación nos ha hecho pensar que el niño que encarnamos físicamente deja de existir cuando nos "hacemos" adultos, precisamente esa es la razón por la cual nos es tan difícil conocer nuestros propios sueños.
Para poder hacer realidad nuestros sueños hemos de contar con todas nuestras edades, pues si bien el niño los conoce no tiene el arrojo del adolescente, ni la experiencia del maduro, ni la visión de conjunto de la vejez. Para que un sueño aterrice en nuestra cotidianidad es necesaria una danza que integre todas las sabidurías de nuestras edades y que siga la música de nuestro corazón, el gran director de orquesta de nuestros sueños.
 
23 maestros de corazón, Carlos González Pérez
 
 
Que nunca dejemos de soñar
 
 


sábado, 12 de septiembre de 2015

Un niño

Erase una vez un niño que acudía por primera vez a la escuela. El niño era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.

Una mañana, estando el pequeño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.

Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.

Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.

Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.

Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.

Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.

Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.

Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? - preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”

Helen Buckley

domingo, 6 de septiembre de 2015

Reconocimiento a Rossini

Cuando ya parecía próxima su muerte, supo que había una propuesta de hacer una colecta para erigir una estatua en su honor. Al saberlo, el gran músico dijo: "Denme los dos mil francos y yo mismo permaneceré quieto sobre el pedestal".

Historias de la historia de la música, Lawrence Lindt

sábado, 22 de agosto de 2015

Los animales aceptan y los humanos esperan


Nunca oiréis a un conejo decir: "espero que el sol salga esta mañana para poder ir al lago a jugar".

Si el sol no sale, no le estropeará el día al conejo.

Es feliz siendo un conejo.

El caballero de la armadura oxidada
 
Cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones.